Otoños, inviernos, días y noches
Nos contemplan al marcar una órbita
Que ignoramos, absortos en una realidad
Forjada bajo sueños que nunca soñamos
No por deseo sino por desesperanza
Y que hoy nos enseñan que la realidad es irreal
El futuro es incierto
Las piezas encastran
Y un libro se escribe.
La mente, directora de orquesta
El corazón, caballo de carreta
Ambos en aparente armonía fueron embestidos
Por el rayo del destino, cráter inconciliable
Que abrió las puertas del sentir
Dejando a su lado daños colaterales
Grietas donde el agua de lluvia penetra y los rayos secan
Las nubes lloran
El sol ilumina
El director de orquesta se queda varado
Y el caballo corre libre, sin sogas que lo tiren
Sin caminos que lo desvíen
Haciéndose paso por la pradera
Y marcando a su lado un nuevo sendero.
Quién hubiera dicho que el alma fuera tan fugaz
En mostrarse como es y decir "Aquí estoy"
Al sentirse atraída
Por formas aparentemente distintas;
Como si la Física fuera un ícono de la mentira
Los polos iguales se atraen
Y se quedan así, como un epicentro de locura
Amenazando barrer la soledad
Destruyendo los pilares que sostienen la gelidez de tu rostro
Dando lugar a la belleza pura que el narrador observa
Enamorándose.
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